¿Cómo describirías nuestro panorama emocional actual?
Si nos quedamos solamente con los discursos predominantes, todo son historias sobre cómo las redes sociales nos están dividiendo o sobre personas enamorándose de sus chatbots y sufriendo psicosis a causa de la IA.
Y no estoy diciendo que estas cosas no estén pasando, no quiero que se me malinterprete. Creo que existen muchos problemas relacionados con la tecnología, como la manera en la que nos mantiene en una burbuja y nos hace ver solo lo que nos gusta para que pasemos más tiempo con ella.
Pero después de una década de investigación etnográfica, yo veo también otra capa. Las personas se están adaptando a estas nuevas realidades de maneras pequeñas y menos visibles; están sirviéndose de la tecnología para entender quiénes son, para expresar microsentimientos difíciles, para establecer vínculos reales y significativos. Y eso es algo de lo que no se habla tanto.
¿Están surgiendo nuevas emociones o simplemente nuevos nombres para emociones que ya existían?
La vida digital da pie a situaciones emocionales con las que no nos habíamos topado antes. No creo que se trate de una transformación total, pero existe una diferencia entre la soledad tradicional y el sentimiento hiperespecífico de estar mirando la localización en tiempo real de alguien mientras esperamos a que nos conteste a un mensaje.
Cuando estas experiencias digitales se vuelven lo suficientemente comunes, empezamos a desarrollar maneras de describirlas. Muchas “emociones de internet” son realmente microsentimientos que hemos reconocido colectivamente y validado a través de memes, GIFs y trends mucho antes de que la psicología mainstream pueda desarrollar un lenguaje o una estructura para abordarlas.
Especialmente ahora, con la IA, existe un gran interés hacia aquello que nos hace humanos, y creo que eso ha acelerado la invención de nuevos términos para describir emociones. Existe un esfuerzo cultural enorme para intentar entendernos a nosotros mismos, y eso me parece muy emocionante.
Pasando a poner el foco en la IA, ¿crees que estamos desarrollando un nuevo tipo de dependencia emocional hacia las máquinas?
Los robots con los que interactuábamos hace diez años eran bastante indefensos y bobos, y aun así los humanizábamos y nos apegábamos a ellos. Yo le sigo teniendo cariño a mi pobre Roomba, que no sabe lo que está haciendo y no para de quedarse atascada.
Pero las inteligencias artificiales con las que interactuamos a día de hoy tienen capacidades mucho mayores y, además, se muestran muy seguras de sí mismas y buscan validar constantemente nuestras emociones y opiniones. Esta combinación de factores puede dar lugar a un estilo de apego más cercano, más íntimo y, potencialmente, más problemático.
Concretamente en el entorno laboral, ¿qué tipo de impacto emocional y cognitivo está teniendo el uso de IA?
Un aspecto positivo es lo que yo llamo capability glow, esa sensación de “oh, ahora puedo hacer cosas que antes no podía, y esto me ayuda muchísimo”.
El reverso de la moneda es el AI brain fry, que ocurre cuando haces demasiadas cosas con IA y todo tu trabajo se reduce a supervisarla. Esto es especialmente común entre desarrolladores, para quienes la mayor parte de su trabajo consiste ahora en gestionar agentes y revisar el trabajo de la IA. Se trata de un nuevo tipo de burnout.
Y luego, a nivel de comunicación laboral, está la espiral de culpa. Utilizas la IA para escribir un correo difícil, el resultado te gusta y piensas que es mejor de lo que a ti se te habría ocurrido, pero te sientes culpable al enviarlo porque piensas que tal vez deberías haberlo redactado tú. Además, si quien lo recibe detecta que has usado IA, podría molestarse contigo por no haberte tomado el tiempo de plasmar tus propios pensamientos.
Creo que deberíamos ser muy empáticos los unos con los otros en la esfera laboral, porque todos estamos intentando entender al mismo tiempo cómo gestionar estos cambios.
¿Qué otros términos asociados a sentimientos relacionados con la IA te parecen relevantes o interesantes?
Jamil Zaki, profesor de Psicología en la Universidad de Stanford, escribió hace poco sobre lo que llama la Turing Fatigue: el coste emocional y cognitivo que supone intentar averiguar si algo que estamos leyendo lo ha generado la IA o lo ha escrito una persona.
Y uno que ha tenido mucha repercusión en los medios es la psicosis por IA, esa sensación de tener poderes casi divinos gracias a esta tecnología, hasta el punto de que la gente de tu entorno ya te está diciendo “mira, no puedo contigo”. Me da la impresión de que es algo poco común, probablemente tan poco común como que la gente se enamore de sus chatbots, pero no tengo dudas de que sea algo que ocurre.
Volviendo al mundo empresarial: ¿Cómo deberían afrontar las organizaciones el impacto emocional y cognitivo de la IA en sus equipos?
Las empresas suelen enfocar la adopción de la IA desde el punto de vista de la productividad y la eficiencia, pero las personas vemos el trabajo desde una perspectiva emocional. Es una fuente de dignidad, pertenencia y reconocimiento. Gran parte de la ansiedad laboral en torno a la IA es, en realidad, una ansiedad identitaria: “¿Qué es lo que me hace valioso ahora?”, “¿Qué pasa con esas facetas mías que tanto me ha costado desarrollar?”, “¿Dónde queda el expertise?".
Así que, cuando las organizaciones ignoran estos sentimientos, lo que se van a encontrar es falta de compromiso o resistencia.
Además, muchas empresas oscilan entre el hype y los mensajes tranquilizadores, lo que solo genera desconfianza en los equipos. Un liderazgo emocionalmente inteligente deja espacio para los sentimientos contradictorios y entiende que las emociones son señales cruciales sobre cómo se está viviendo el cambio.
Y desde el punto de vista de un usuario o consumidor, ¿cómo crees que la IA podría cambiar la manera en la que nos relacionamos con productos, organizaciones o marcas?
Un punto de fricción muy grande ahora mismo es que, de pronto, la IA está en todas partes. Y no hemos pedido que esté en todas partes. Pero si las marcas la usan para alinearse de verdad con nuestros objetivos personales podríamos, potencialmente, desarrollar mayores vínculos con ellas, y no creo que eso sea necesariamente algo malo. Los productos pueden sumar valor a nuestras vidas y mejorarlas.
¿Podrían las marcas también conocer mejor nuestras debilidades y manipularnos aún más? Es un desenlace perfectamente posible, y creo que gran parte de lo que pase va a depender de los valores de cada empresa.
Por otro lado, la IA tiende por defecto a una amabilidad inquebrantable, pero a las personas nos inspira confianza la imperfección. Sospecho que las aristas, las rarezas y la duda empezarán a valorarse cada vez más. No me sorprendería que las marcas empezaran a volverse un poco menos pulidas y seguras de sí mismas para transmitir honestidad.
Desde el punto de vista de la Pamela persona y no de la Pamela investigadora, ¿cómo es tu relación actual con la IA?
Mi forma de acercarme a la tecnología en general es desde la curiosidad, con una mente abierta. Creo que tendemos a juzgar muy rápidamente y que, sobre todo ahora que las normas sociales en torno al uso de IA aún no están definidas, hay mucha vergüenza asociada a ella.
Como persona con TDAH, la IA me resulta especialmente útil para partir de una enorme maraña de ideas sueltas y encontrar la forma de darle sentido. Poder superar esa sensación inicial de agobio absoluto al empezar un proyecto es algo muy valioso para mí.
Pero también soy el tipo de persona que se lo cuestiona todo, así que me resisto a cualquier respuesta que me parezca demasiado entusiasta o servicial. Quiero preservar la incertidumbre, que creo que es un ingrediente fundamental a la hora de llevar a cabo cualquier investigación.
Una última pregunta: ¿Hay algo relacionado con la IA que te haga mirar hacia el futuro con esperanza?
Lo ingeniosa y creativa que es la gente a nivel emocional. Estamos constantemente dándole nuevos usos a la tecnología que sus diseñadores jamás imaginaron: la gente convierte listas de reproducción en cartas de amor, cuida sus amistades a base de chequeos semanales en forma de GIFs o utiliza la IA para ensayar conversaciones difíciles antes de tenerlas en la vida real.
Creo que subestimamos la cantidad de creatividad que ya existe en la esfera digital porque el discurso predominante suele centrarse únicamente en los aspectos dañinos. Yo veo un futuro en el que las personas seremos capaces de expresar mejor nuestras emociones porque la tecnología nos permitirá prestar más atención a cómo nos sentimos.